Si toda tu vida la has hecho en departamentos, es improbable que llegues a plantearte sembrar o cosechar, ni menos intercambiar semillas; como gran cosa te traes una plantita del supermercado junto a las ensaladas o compras flores para alguna celebración y esa sería toda tu relación con el reino vegetal, a menos que te inviten a un intercambio de semillas orgánicas. Cuando Irene me dijo, lo primero que pensé es -qué puedo intercambiar yo-, pero a pesar de la evidente limitación, quise asistir, para saber de qué se trataba todo este asunto. La actividad fue organizada por los “kines” de Casa Rahamaya, un ecohogar ubicado en la Reina, en un gran terreno. El día se nos fue entre recorrer el patio, almorzar, preparar té chay, una charla de orgones (esto lo explicaré otro día) y la conferencia sobre la ley del tiempo por Rodrigo Urrea. Lo medular del intercambio vino al final, cuando la gente se empezó a sentar, arrodillar y encunclillar y vamos sacando semillitas. Había mucha gente ese día y casi todos tenían huerta en su casa, lo que me sorprendió bastante. Las conversaciones versaban sobre la procedencia de sus regalonas y sobre cuándo y cómo plantarlas: había pequeñitas (de tomate, cilantro, tomillo), medianas (habas, choclos, soya) y grandes (belloto), entre otras. Veía como pasaban de mano en mano y a mí no me tocaba ninguna. Así que me fui acercando al suelo para tratar de agarrar algo. Me costó, pero igual me dieron. Conseguí hartas, las que ya empecé a plantar en una maceta. Fue así como pude comprobar que para intercambiar semillas, no necesariamente hay que tenerlas. Claro que la próxima vez que vaya espero poder llevar con orgullo, a los retoños de las semillas que me regalaron ese día.
El estudio de los ciclos naturales de la tierra, la luna y el sol estimula nuestra mente y nos hace más conscientes de nosotros mismos y de nuestro tiempo. Somos como las neuronas del planeta y si estamos despiertos ayudamos a activar la consciencia planetaria. La noosfera, envoltura mental del planeta, es la próxima etapa evolutiva de la humanidad. In lak ech (yo soy otro tú).
Sunday, June 24, 2007
Friday, June 22, 2007
Ecoaldea: Vivir en Comunidad algunos casos concretos
Aunque menos conocidos que los departamentos pilotos y las casas en condominios, en muchos lugares existen formas alternativas de vida en comunidad y redes de organizaciones que comparten información y experiencia sobre estos temas. Incluso en Chile tenemos algunos ejemplos de personas y grupos que se organizan, superan escollos y logran construir una forma de vida diferente, como la Comunidad Ecológica de Peñalolén, La Comunidad Blowing the Wind en Reñaca, el Ecopueblo de Pualafquén, El Ecocentro Eluwn de Melipilla, Antukelén, Proyecto Kunram en Los Andes, El Romeral en Los Molles, Ecobarrio Los Alamos de Maipú, entre otros.El mes pasado nos visitó Claudio Madaune, un chileno radicado actualmente en Noruega, fundador de World Changer quien lleva como dos décadas dedicado al tema de las comunidades y que ha vivido en Colombia y Noruega. Conceptos como facilitador de trueques, prosumidores, comunidades intencionales, lets, entre otros sirvieron para ir conociendo las nuevas formas culturales que surgen al alero de estas comunidades.
Claudio nos contó sobre varias ecoaldeas en el mundo como la Ecovillage de Fithorn en Escocia con 44 años de vida sustentable; la de Hürdal una cooperativa noruega con más de 45 personas y dos años de existencia; la fundación Sefardi; la de Aurobil en India con sus green builders; the Farm en Tennese con varios microempresas y servicios para la comunidad que llegó a tener 1200 personas; la ecoaldea urbana en Los angeles con 50 personas y un sólo auto; la de Huehuecoyotl en México; las ecotrully de los Hare Krishna; Camp Hill en Noruega con su filosofía antroposófica; las ecoaldeas espontáneas de Senegal y su red de 350 ecoaldeas y suma y sigue. Toda esta información nos despertó el apetito por investigar más.
Claudio nos contó sobre varias ecoaldeas en el mundo como la Ecovillage de Fithorn en Escocia con 44 años de vida sustentable; la de Hürdal una cooperativa noruega con más de 45 personas y dos años de existencia; la fundación Sefardi; la de Aurobil en India con sus green builders; the Farm en Tennese con varios microempresas y servicios para la comunidad que llegó a tener 1200 personas; la ecoaldea urbana en Los angeles con 50 personas y un sólo auto; la de Huehuecoyotl en México; las ecotrully de los Hare Krishna; Camp Hill en Noruega con su filosofía antroposófica; las ecoaldeas espontáneas de Senegal y su red de 350 ecoaldeas y suma y sigue. Toda esta información nos despertó el apetito por investigar más.
Una conclusión que sacamos de todo esto, es que cada uno de nosotros tiene talentos que ofrecer y que hay que aprovecharlos. No se trata sólo de ir a cultivar la tierra, aunque es importante, antes de esto hay que planificarse y organizarse. Además crear una forma de vida autosustentable implica responsabilidades como la educación de los niños, los servicios básicos, los desechos, la salud, la vivienda y un largo etcétera, que es mejor no improvisar. No se trata de romper con el sistema, sino de aprovechar todo lo que nos pueda servir para vivir en forma cómoda y autosustentable, sin aislamiento, sino integrándose con las comunidades cercanas.
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